Personas durmiendo en la calle en el invierno de Barcelona

Beatriz Fernández, presidenta de Arrels: “Hay muchas personas sin hogar con empleo, pero no pueden pagar un techo”

Sandra Vicente

Barcelona —

8 de enero de 2026 22:21 h

En menos de 24 horas, dos hombres sin hogar han muerto en Catalunya en plena ola de frío. Medio centenar de personas siguen durmiendo bajo un puente de la autopista C-31, tres semanas después de haber sido desalojados del instituto B9 de Badalona. “Han sido semanas muy difíciles”, admite Beatriz Fernández, presidenta de la Fundació Arrels, una entidad que se dedica a acompañar a personas sin hogar en Barcelona.
10 puntos destacables
1. Barcelona, ha puesto a disposición 200 plazas para pasar la noche, pero estas sólo podrían dar acogida al 10% de personas que hay sin hogar en la ciudad

BF.

Se trata de 100 plazas que se abren cada año en invierno, más otras 100 que se activaron en el marco de la Operación Frío el día 6 de enero y que es posible que mañana se cierren, porque son una ayuda extraordinaria para cuando el termómetro está por debajo de los cero grados. En ciudades como Barcelona, son temperaturas a las que es muy difícil llegar y, de hecho, este plan no se activa cada año.

En invierno, con temperaturas igualmente bajas, normalmente sólo contamos con 100 plazas. ¿Eso es una solución? Evidentemente, no. Necesitamos lugares de pernocta, pero que sean sostenidos en el tiempo, además de otras muchas políticas públicas.

2. A pesar de que haya pocas plazas en comparación con el número de personas sin hogar, algunos Ayuntamientos como el de Barcelona, lamentan que sólo el 34% de las personas a las que se ha propuesto acceder a ellas ha accedido. ¿Por qué sucede esto?

Si nos centramos en las plazas de emergencia por la Operación Frío, son plazas disponibles sólo por dos o tres noches, siempre a expensas del termómetro. Y van dirigidas a personas que llevan mucho tiempo en la calle, que tienen sus pertenencias, sus animales de compañía, y un lugar identificado que les es más o menos seguro, donde la gente les conoce.

También hay personas con adicciones fuertes, para las que consumir es una cuestión de supervivencia. En estos espacios de emergencia no pueden entrar las personas con problemas de consumo activos. Tampoco se suele dejar que entren sus pertenencias ni sus animales. Pasados estos dos o tres días, se encuentran sin nada de lo que tenían y hasta es posible que su lugar seguro haya sido ocupado por alguien. Así que si alguien rechaza una ayuda de emergencia, pensemos por qué es. Nos da más información sobre el recurso en sí que sobre los usuarios.

3. Una de las ciudades en la que los recursos de emergencia no están funcionando es Badalona, donde nadie acudió al pabellón habilitado durante la primera noche. Aun cuando hay todavía unas cuarenta personas que siguen durmiendo en la calle después del desalojo del instituto del B9. ¿Qué opinión le merece la gestión del alcalde Xavier García Albiol?

La emergencia derivada del B9 se podía haber previsto y gestionado de otra manera porque el desalojo llevaba tiempo planeándose. La cuestión es que les interesa generar esa emergencia para vincular la pobreza y el sinhogarismo con la suciedad, la delincuencia y la inseguridad. Albiol no quiere atender a las personas sin hogar, por eso no hay ningún tipo de gestión, porque lo que busca es hacerlas desaparecer de Badalona. El problema es que está haciendo política con eso y parece que le funciona.

4) El sinhogarismo ha crecido significativamente en los últimos años. En Barcelona, el recuento que ustedes hacen anualmente mostró un crecimiento del 43% respecto a 2023. ¿Qué está pasando?

Es complicado. Lo primero que hay que dejar claro es que nadie está en la calle porque quiera; todos querrían estar en otra situación y poderse ganar la vida. Pero estamos en un contexto en el que el mercado laboral es muy precario. De hecho, atendemos a muchas personas sin hogar que tienen empleo, pero el sueldo no les permite pagarse un techo. Y esto nos lleva al siguiente factor: la crisis de la vivienda. Ya no es sólo que no puedan permitirse un piso; es que ni siquiera llegan a poder pagar una habitación.

Luego están las personas con características especiales, como las personas mayores, discapacitadas o con problemas de adicción. Ya son mucho más vulnerables de por sí pero, además, los recursos al sinhogarismo muchas veces no se adaptan a sus necesidades, lo que hace que su situación se cronifique más todavía. Además, hay que sumar la saturación de los servicios sociales. Se entiende, porque es el abordaje que tradicionalmente se ha dado al sinhogarismo. Pero nosotros creemos que sería mejor abordarlo de manera global desde la vivienda, la salud, las políticas laborales y de migración.

Este verano, durante la ola de calor, Barcelona empezó a desalojar asentamientos de personas sin hogar que había en los parques. Este invierno, Badalona hizo lo mismo con el instituto B9. ¿Qué pasa con las personas a las que se expulsa de un lugar?

No desaparecen, eso lo primero. Sólo se desplazan y van a otros sitios. Por eso hay barrios en los que hay un incremento brutal [por ejemplo, en el distrito de Sants-Montjuïc, la cifra ha crecido un 134% respecto a 2023]. Muchas de esas personas vienen de un desalojo grande, como el del B9, o después de haber sido expulsadas del espacio público.

Si lo que se pretende es abolir el sinhogarismo, las políticas de desalojo no funcionan, porque no contemplan lo esencial: que todo el mundo tiene derecho a una vivienda. En cambio, lo único que contemplan son cuestiones de seguridad y salubridad. Echarlas del espacio público, de los lugares en los que son más visibles, sólo consigue empeorar el problema.

Por un lado, se les hace más difícil acceder a los servicios sociales y a las ayudas que les correspondan. Por distancia, pero también por desconfianza. Y eso, quienes elaboran las políticas públicas lo saben. Así que quien decide desalojar a las personas sin hogar, lo hace respondiendo a una cuestión de cuidar la imagen, a acallar quejas vecinales. Pero no desde la voluntad de ayudar.

Otro cambio promovido por la ciudadanía es una propuesta de ley presentada por la UAB y diversas entidades sociales para erradicar el sinhogarismo. Actualmente, se están debatiendo las enmiendas en el Parlament y es posible que pueda llegar a aprobarse este 2026. ¿Tienen esperanza en esa nueva normativa?

Sí, la verdad. Es un instrumento que recoge los recursos básicos y necesarios para alguien que está durmiendo en la calle. Hablamos de lavanderías, consignas, transporte público, etc. Pero, sobre todo, lo que da valor a la norma es que contempla el derecho a un espacio residencial digno, un lugar de alojamiento estable hasta que pueda acceder a una vivienda permanente

Pueden ser pisos, pero también habitaciones. Es un lugar en el que no sólo se vaya para dormir, sino en el que puedan tener sus cosas y hacer vida. Esa estabilidad podría dar respuesta, en gran parte, a la problemática del sinhogarismo y, sobre todo, servirá para dotar de dignidad a estas personas que muchas veces pasan desapercibidas.

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